La inteligencia artificial está en todas partes… salvo en la vida cotidiana
La inteligencia artificial (IA) ha invadido titulares, aulas y oficinas, pero conocer su uso real exige mirar los datos, no las percepciones. Un nuevo estudio publicado en Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking revela que, pese al enorme interés mediático, la IA aparece mucho menos en la navegación diaria de lo que solemos imaginar.
A partir del análisis de más de 14 millones de visitas a páginas web, los autores estimaron que la navegación relacionada con IA representó menos del 1% del tráfico para la mayoría de las personas. Además, quienes más la usan tienden a mostrar rasgos de personalidad aversivos, como narcisismo o psicopatía.
De la opinión al comportamiento real
El interés por la IA crece en lo social, educativo y laboral, y muchas encuestas preguntan con qué frecuencia se usa o qué opinión genera. Pero esos datos son poco fiables: las personas suelen recordar o estimar mal su uso de nuevas tecnologías.
Para superar ese sesgo, los investigadores analizaron historiales reales de navegación, con el fin de determinar la frecuencia de uso, los perfiles de quienes más recurren a la IA y las actividades que la acompañan. Comprender los factores psicológicos que predicen una mayor adopción, explican, puede ayudar a anticipar quién aceptará o rechazará estas herramientas.
El hallazgo: mucho ruido, poco uso
El proyecto constó de dos estudios: uno con 499 estudiantes universitarios y otro con 455 personas de la población general. Todos compartieron su historial de navegación (hasta 90 días) y completaron cuestionarios sobre personalidad, actitudes hacia la IA y datos demográficos.
Con una lista de webs conocidas —como ChatGPT o Microsoft Copilot—, el equipo identificó las visitas relacionadas con IA y analizó qué páginas se visitaban antes y después, así como los rasgos psicológicos vinculados al uso.
En el grupo de estudiantes, la IA supuso en promedio solo el 1% del total de visitas, concentradas en unos pocos usuarios. ChatGPT fue, con diferencia, el sitio más visitado (más del 85% de las visitas relacionadas con IA). Aunque su tráfico superó al de algunas redes sociales en versión web, quedó muy por debajo de los buscadores.
Los usuarios más activos en IA puntuaban más alto en narcisismo y psicopatía, además de mostrar actitudes más positivas hacia la tecnología. En la población general, el uso fue aún menor —apenas 0,44% de las visitas— y las correlaciones de personalidad más débiles, aunque se observó una relación modesta con el maquiavelismo.
Los investigadores destacaron a los llamados “usuarios prolíficos”, para quienes la navegación en IA superaba el 4% del total. Entre los estudiantes, este grupo obtuvo puntuaciones significativamente más altas en maquiavelismo, narcisismo y psicopatía que el resto. En la población general, esas diferencias fueron menos marcadas, posiblemente por el bajo nivel de uso.
IA como herramienta, no entretenimiento
El análisis de las páginas visitadas antes y después de usar IA reveló que estas herramientas suelen integrarse en flujos de trabajo. Antes del uso, predominaban buscadores y páginas de inicio de sesión; después, aumentaban las visitas a sitios de educación, informática o trabajo. La IA, concluyen los autores, se percibe sobre todo como herramienta de productividad, más que de ocio.
Otro resultado relevante fue la brecha entre el uso real y el percibido. En la muestra general, la correlación entre lo que los participantes creían usar IA y lo que efectivamente usaban fue solo moderada, lo que refuerza que los autorreportes no reflejan bien la realidad.
Limitaciones y próximos pasos
El estudio presenta algunas limitaciones: se centró en navegación web (no apps móviles) y solo incluyó usuarios de Google Chrome, lo que puede sesgar los resultados. Además, analizó un conjunto acotado de factores individuales —personalidad y demografía—, dejando fuera otros como bienestar emocional, motivaciones o entorno social.
Los autores sugieren ampliar la investigación para entender qué hacen exactamente las personas cuando usan IA: si escriben ensayos, buscan información o simplemente curiosean. Captar el contenido de esas interacciones permitiría entender mejor sus objetivos y consecuencias.
En resumen
El estudio representa uno de los primeros intentos de cuantificar objetivamente el uso de IA en entornos naturales. Aunque la IA domina el discurso cultural, los datos sugieren que la mayoría aún la utiliza con cuentagotas.
El enfoque metodológico —que combina huellas digitales reales con medidas psicológicas— ofrece una nueva vía para entender cómo las diferencias individuales influyen en la adopción tecnológica y cómo la IA se integra, poco a poco, en la vida cotidiana.









